Mi Historia, Mi camino

Male Ramos Mejia

Licenciada en Nutrición

Mi camino empezó el 18 de mayo de 2016, cuando estando embarazada de 37.5 semanas y después de 20 hs. de contracciones, llegamos con mi marido Max al sanatorio y descubrimos que Violeta, nuestra segunda hija, estaba sin vida.

Durante el tercer trimestre del embarazo había estado muy hinchada, muy cansada, muy incómoda. No podía dormir, me dolía el cuerpo, la espalda. Se me dormían los brazos, las manos. Tenía las manos tan hinchadas que no podía cerrarlas, cortar con un cuchillo, agarrar nada. Había sido un embarazo normal y Viole estuvo sana desde el primer momento. Pensé que con una hija de 1 año 10 meses, trabajando, era normal sentirme cansada y que la hinchazón era parte del edema típico del tercer trimestre. Tanto médicos como familiares y amigos no veían nada fuera de lo común.

Sin embargo, después del parto empecé a sentirme cada vez peor. Me despertaba de noche con dolor de espalda. Mi cuerpo empezó a endurecerse y no llegaba a ponerme las medias, el pantalón, los zapatos y mucho menos atarme los cordones. De a poco se me empezaron a inmovilizar los hombros y ya no podía levantar los brazos para peinarme o lavarme el pelo. No podía sentarme en el piso, doblar las piernas, ponerme en cuclillas. Pero todos, médicos incluidos, lo adjudicaban al estrés del parto y la tristeza  por la partida de Viole.

Pero una noche de julio, de un momento al otro, mis manos se pusieron moradas hasta los nudillos y grises, sin vida, hasta las yemas de los dedos. Así conocí el fenómeno de Raynaud.

Fueron muchos médicos, estudios y análisis, incluida una biopsia hepática, hasta que en octubre me diagnosticaron esclerodermia sistémica difusa y polimiositis.

Desde el primer momento me recetaron 40 mg de corticoide al día, nexium ,nifedipina, metrotexato, ácido fólico,rituximab, bactrim. Una larga lista de remedios Y un futuro incierto. La esclerodermia todavía no me había atacado los órganos internos pero según los médicos estaba avanzando muy rápido así que podía hacerlo en cualquier momento. Los remedios podían ayudarme pero también podían dañarme los órganos. Podía mejorar en un principio y recaer con fuerza luego de algunos meses. En ese momento, nadie sabía bien cuándo ni cómo empezó la enfermedad (aunque ahora sabemos que empezó a manifestarse durante el tercer trimestre de mi embarazo siendo el edema generalizado uno de los primeros síntomas). Pura incertidumbre.

Mis días transcurrían en medio de una tormenta de niebla y no podía ver a más allá del día que estaba viviendo. Lo único seguro era cada minuto que pasaba y se iba. Todos los días me sentía diferente, muy cansada, muy limitada para todo. Y en medio de todo eso, las palabras trágicas (o mágicas):

-“ESTA ENFERMEDAD NO SE CURA. Podés, en unos años y en el mejor de los casos, entrar en remisión, lo que significa que la dormimos, por un tiempo, porque nunca sabemos cuándo, cómo y ni si se va a volver a despertar.”

Recuerdo pensar desesperadamente que tenía una enfermedad que en el mejor de los casos me “permitiría” convivir con el miedo de que un día se despertara y me comiera viva. Una enfermedad que no sabía si se despertaría con el ruido o con el silencio. Una enfermedad que me agotaría tanto que a mis 33 años tendría que desistir de todos mis sueños porque no tendría fuerzas para llevarlos a cabo.

Y supe que yo no sería una víctima de esa enfermedad. Sería la portadora, pero también sería la que iba a hacer todo para curarse. No importaba cómo ni cuanta gente lo hubiera (o no) hecho antes ni cuánto tiempo me llevaría. Sabía que lo iba a lograr.

Y así empecé a recorrer este camino. Si ¨sacar¨esta enfermedad de mi cuerpo dependía de mi, sabía que debía llegar hasta el fondo, hasta el final, costara lo que costara, doliera lo que doliera, entendiendo que, para curarme, debía sanar mi cuerpo, mi mente y mi alma.

Así fue como cumpliendo al pie de la letra las indicaciones de mí medico reumatólogo y complementándolo con homeopatía, medicina china, hindú, meditación y cuanta terapia complementaria se cruzó por mi camino, apareció el concepto de la alimentación. Siendo licenciada en nutrición recibida, para ese entonces, hacia 9 años, lo primero que empecé a investigar fue la alimentación para enfermedades autoinmunes. Durante la carrera, no habíamos tenido contenidos que cubrieran este tema, pero me fue fácil entender en carne propia que,como dijo Hipócrates, “El alimento puede ser tu medicina”.

Mi primer objetivo fue sanar mi intestino. Sabía que iba a ser una tarea larga y compleja, pues tomando tantos remedios, mucho de los avances, inmediatamente retrocedían. Así que me propuse que, todo, absolutamente todo, lo que comiera tuviera una función específica en mi proceso de sanación. Si un alimento determinado no hacía un aporte específico a mi regeneración, no lo comía.

Así fue como, de un día para el otro, decidí dejar de comer todo lo que tuviera GLUTEN, AZUCAR REFINADA, LACTEOS, CONSERVANTES Y ADITIVOS.

Fue el comienzo del fin de mi enfermedad. El cambio en mi cuerpo fue tan radical como había sido la decisión de sanarme a través de mi alimentación. Cada día me sentía menos cansada. Lenta y constantemente, mis síntomas y estudios mejoraban. Hasta que en mayo de 2017, 7 meses después del diagnóstico, entré en remisión y pude empezar a reducir las cantidad inmensa de medicación que estaba tomando.

En julio de 2017 mi reumatólogo me dijo que nunca había visto una recuperación tan buena y tan rápida en un paciente con mis características. En Mayo del 2018 deje de tomar corticoides y en octubre de ese mismo año , siempre trabajando a la par de mi médico reumatólogo, deje de tomar el metrotexato, el ultimo de los medicamentos que tomaba.

Hasta el dia de hoy mi salud sigue mejorando y no tuve la necesidad de tomar mas medicamentos. Mis síntomas se van desvaneciendo con el tiempo y cada vez me quedan menos secuelas de aquel ¨grito desesperado de mi alma¨ (como llamo yo al sintoma).

Mi filosofía

 

No soy vegana, no como solamente alimentos crudos ni sigo al pie de la letra la dieta paleolítica. Simplemente, soy una convencida de que cada cuerpo es un mundo y que lo que le hace bien a unos no le hace bien a otros… Somos seres conformados por cuerpo alma y mente y hay muchos factores que inciden a la hora de sanar o mantenernos saludables. El alimento es uno de los pilares fundamentales a la hora de recuperar nuestro estado de salud y calidad de vida por eso te invito a que te descubras y pruebes vos mismo cual es la alimentación ideal para vos en este momento de tu vida.

Una alimentación sana aumenta la energía y permite brillar esa luz que todos llevamos adentro. En mi caso particular, desde que me alimento así puedo pensar mejor, moverme mejor, dormir mejor. Me siento más liviana, más fresca.  Me ayuda a conectarme con mi cuerpo, a ser consciente de él y de lo que le hace bien. En definitiva nuestro cuerpo es el portador de nuestra alma así que es importante que lo cuidemos si queremos permanecer y crecer espiritualmente.

Yo elijo comer:

Sin gluten

(proteína presente en el trigo cebada, centeno, kamut y avena, salvo que esta última aclare en su envoltorio,  específicamente, que es  sin gluten), porque existen muchos estudios que indicarían que el gluten contribuye a desencadenar las enfermedad autoinmunes e, incluso, dificulta el proceso de sanación en aquellas personas que ya tienen la enfermedad o los anticuerpos en sangre, aun sin síntomas. A pesar de que los a análisis de sangre no indiquen celiaquía ni intolerancia al gluten, y aun cuando no sientas una diferencia específica en tu cuerpo al consumirlo, recomiendo firmemente no consumirlo en personas con diagnostico de enfermedades autoinmunes.

SIN AZUCARES REFINADAS

(y con muy poca azúcar de otros tipos), porque el azúcar sirve de alimento para las bacterias no benéficas de  nuestro intestino, el epicentro de nuestra salud entre otros.

SIN LACTEOS

porque descubrí que me inflaman, me hacen sentir pesada y me dan dolor de cabeza. Al sentir cualquiera de estos síntomas puedo darme cuenta de que no le hacen bien a mi cuerpo. El dolor de cabeza o la inflamación son solamente el síntoma de un proceso interno de inflamación  que desencadeno  el lácteo que ingerí.

SIN ALIMENTOS PROCESADOS

y no los como dado que algunos, o todos, estos componentes anteriormente mencionados  aparecen siempre en los alimentos procesados, mi gran lucha es reducir al máximo, e intentar eliminar, los alimentos procesados y refinados. Los procesos químicos, colorantes, espesantes, estabilizantes y conservantes no naturales  que convierten lo que ingerimos en un producto que ya deja de ser un “alimento”.

Por qué quise crear THEFOODALCHIMIST

 

Si bien entendí que para sanarme debía sanar primero mi intestino, dado que el 70% de nuestras células inmunitarias se encuentran ahí, y que para ello debía dejar de ingerir todo aquello que tuviera GLUTEN, LACTEOS y AZUCARES REFINADAS, no sabía por dónde empezar, aun siendo nutricionista.

Sí estaba segura de una cosa: este camino me iba a ayudar a sanar y si bien no sabía cuánto tiempo me llevaría, realmente estaba convencida de que el esfuerzo valdría la pena y la comida se convertiría en mi medicina.

Y a lo largo de este viaje, pensé muchas veces en lo difícil que sería iniciar este tipo de cambio de alimentación para aquellas personas que saben poco o nada sobre la nutrición. Por eso, en Marzo del 2018, apenas me sentí  mejor y con la energía suficiente me propuse ayudar a esas personas, para servirles como testimonio vivo de que se puede! Cuesta, pero el poder de sanarnos está adentro nuestro.

En este espacio les voy a ir mostrando todo lo que fui y sigo descubriendo, elaborando y desarrollando para hacer más ricas y sanas mis comidas y los pasos del camino recorrido para aprender a vivir mejor y sanar el cuerpo, la mente y el alma.

TU ENFERMEDAD, TU CAMINO

¡Empecemos a trabajar!

Mi propuesta es que, en primer lugar dejes de ingerir los siguientes productos durante 3 semanas:

  1. Gluten
  2. Lácteos
  3. Azúcar refinada

Luego de este primer período, podés ir reintroduciendo cualquier de estos tres alimentos de a uno. Elegí el que quieras y probalo durante 2 días seguidos (más de 2 veces al día) y el tercer día no lo incluyas. Si sentís inflamación abdominal, resfríos, dolor articular, gases, diarrea, constipacion, dolor de cabeza  o algún malestar, eso significa que ese alimento no te hace bien y es mejor que lo dejes. Acordarte de que ese malestar o dolor es simplemente el síntoma de que  adentro tuyo se desencadeno un proceso de inflamación que no te hace bien.  Debes hacer lo mismo con los otros dos alimentos. De esta forma, podrás saber que alimentos restringir de tu dieta habitual.

¡Manos a la obra! ¡Son sólo 3 semanas de esfuerzo!